
“ Eso lo hago yo en dos patás” Esta noble frase, pronunciada con energía y convencimiento en el ilustre foro de la tasca mas cercana, frente a una de bravas y un botellin, resume, en una máxima de universal validez, el a veces complejo e impenetrable pensamiento de los maestros de chapuzas.
En “dos patás” le alicatan el curto de baño, en “dos patás” derriban un tabique y levantan otro, en “dos patás” te terminan el chalecito…..En “dos patás” la existencia del incauto que aspira a reformar ese piso antiguo recién comprado o a cambiar los azulejos de la cocina, que las florerillas ya no se llevan, puede hundirse en la mas angustiosa pesadilla. La tela de araña formada por fontaneros, albañiles y electricistas – acaudillados por el constructor, una especie de conan el bárbaro de la piqueta, un terminador de la demolición que promete y promete acabar la obra en un par de semanas, con materiales de primera calidad y presupuestos cerrados, pero cerrado, ¿eh? – atrapa sin piedad a todos los que querían ahorrarse unas pesetillas.